Director de Millennium II: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina: Daniel Alfredson

Critica x Edgar©

En pocos días he incumplido por dos veces una promesa cinematográfica. Curiosamente en ambas ocasiones ha sido por una saga literaria llevada al cine: primero me sucedió con la secuela de Crepúsculo y ahora con la de Millennium. Ojalá me hubiera dejado guiar por mis instintos (ambas son muy malas), pero uno no siempre elige lo que va a ver.

En su día castigué severamente con mis comentarios al director de Millennium, Niels Arden Oplev, por realizar un telefilm con una penosa puesta en escena, lamentable y descuidada estética, trama aburrida y predecible… Pensaba que con el cambio de director veríamos algo diferente, pero desgraciadamente el sueco Daniel Alfredson reincide en los mismos errores, de tal manera que estamos ante una película pobre, muy pobre, de esas que sólo se entiende que acaben llegando a la gran pantalla porque están basadas en libros que tienen una larga legión de fans. O lo que es lo mismo: una gran venta de entradas asegurada, que es de lo que va esto.

¿Y qué decir del guionista? Jonas Frykberg nos “regala” un libreto de más de dos horas con diálogos que no van a ningún sitio y con larguísimas descripciones que podrían haberse reducido si director y actores tuvieran el talento necesario como para plasmarlos en la gran pantalla, sin necesidad de que alguien nos lo cuente. También es posible que Frykberg haya escrito todas esas parrafadas por intentar ser fiel al libro. No lo sé, no lo he leído, pero no me hace falta para saber que Frykberg es un pésimo adaptador. Y eso que todavía no he comentado la arritmia en la narración, su insatisfactoria previsibilidad, la carencia de secundarios de interés y la poca profundidad que se emplea en ciertos asuntos que deberían haber sido tomados en mayor consideración. En resumidas cuentas, un guión tan triste como irrisorio.

Millennium 2 no aporta nada nuevo para el cine en general ni para esta historia en particular. Volvemos a ver un relato insultante para el género del cine negro, en el que la trama criminal es lo de menos, pues lo realmente importante para realizador y guionista es demostrar, con un marcado acento feminista, que la sociedad sueca, lejos de ser un ejemplo de perfección y bienestar, está llena de asuntos sucios. Repito, no sé cómo lo cuentan en el libro, pero aquí lo hacen de manera lamentable.