Director de Batman: Tim Burton

Reparto: Michael Keaton, Kim Basinger, Jack Nicholson, Jack Palance, Billy Dee Williams

Batman es, sin duda, el superhéroe más interesante, prescindiendo de los absurdos superpoderes de otros héroes del comic, el murciélago solo cuenta con su obstinación personal y el soporte de la tecnología para combatir el crimen de Gotham City, convertida por el equipo de Barton en una pesadilla art déco de sombras y neón, muy al estilo Metrópolis (Fritz Lang, 1926).

Bruce Wayne (Keaton) es un superhéroe atormentado y bastante neurótico que en vez de ir al psiquiatra, duerme boca abajo y sale por las noches a vengar la muerte de sus padres. Una personalidad individualista que encaja perfectamente con el perfil sicótico y esquizofrénico de finales del os ochenta.

Al margen de los problemas neuróticos del murciélago y la sensualidad de la atractiva fotógrafa (Basinger), el que se lleva el gato al agua, aunque no a la chica es Joker (Nicholson), amo y señor absoluto del filme. Con su grotesca y sardónica sonrisa y sus inquietudes artísticas, el sádico megalómano quiere dominar Gotham por puras inquietudes artísticas, haciendo payasadas al ritmo de la música de Prince. El modelo de malvado dicharachero y farsante ha servido como modelo para multitud de epígonos super-villanos.

La superproducción costó la friolera de 35 millones de dólares de la época, pero su éxito fue arrollador, la fiebre del quiróptero parecía no tener límites, incluso el General panameño Manuel Antonio Noriega salió con la camiseta de Batman a la terraza de la embajada cuando los servicios secretos norteamericanos querían cazarlo.

En esta versión no contamos con Robin, su pareja cripto-homosexual del cine de acción. Batman es un caballero oscuro que funda su propia logia con su máscara y capa, una especie de jedi, que como el coyote en persecución del correcaminos, se sirve de todo el poder de la tecnología ACME, el Bat-móvil y sus demás juguetitos.