Director de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941): Orson Welles

Reparto: Orson Welles, Joseph Cotten, Dorothy Comingore, Agnes Moorehead

Orson Welles explora los mecanismos del poder para terminar descubriendo que detrás del megalómano Xanadú, creado a imagen y semejanza de William Randolph Hearst, se oculta la cruz amarga del sueño americano.

El joven realizador de 25 años no fue, en su debut cinematográfico, el inventor del gran angular, los techos contrapicados y la profundidad de campo, que ya habían sido utilizados en otras obras como Avaricia de Erich von Stroheim o La Diligencia del maestro Ford.

Sin embargo, Ciudadano Kane nos presenta planos geniales y movimientos de cámara imposibles. Su profundidad de campo, llevada a cabo por Gregg Toland, acerca la imagen al espectador, involucrándole en la acción y proporcionando una visión más realista, pero a la vez más intrusiva. La iluminación expresionista, el montaje, el sonido y el elaborado guión consiguen dar al filme una expresividad apabullante.

Se suele apuntar como un error garrafal que antes de su fallecimiento Kane pronuncia la palabra ‘Rosebud’, no hay nadie para escucharlo, ya que muere solo. Sin embargo, la estructura narrativa del cine se permite a menudo este tipo de licencias que no deben escandalizar a nadie.

Resulta gracioso que el significado de ‘Rosebud’, que el periodista Jerry Thompson intenta descifrar durante toda la película, fuera en realidad el nombre que el magnate daba en privado a las partes íntimas de su amante Marion Davies, por las que Hearst, al parecer, sentía una atracción desmedida.

El preciado objeto que da nombre a ‘Rosebud’ fue incluido, procedente de una subasta, en las manos de Steven Spielberg (mitómano y coleccionista compulsivo) en 1982 por la bonita suma de 16.500$.