Director de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard, 1950): Billy Wilder

Reparto: William Holden, Gloria Swanson, Erich von Stroheim, Nancy Olson

El cadáver de Joe Gillis (Holden) nos cuenta su historia flotando en la piscina de Sunset Boulevard. Gillis, en bancarrota y con escasa fortuna como escritor, es contratado por una vieja diva del cine mudo, Norma Desmond (Gloria Swanson), para escribir el guión de ‘Salomé’, que devolverá a la actriz de nuevo al estrellato.

Las cosas se complican y Gillis acaba haciendo en la decadente mansión el papel de servil gigoló de la egocéntrica actriz, que vive completamente alejada de la realidad, acompañada por uno de sus ex maridos convertido en incondicional mayordomo Max (Erich von Stroheim), el cual falsifica las cartas de los admiradores para que piense que el público todavía la tiene en el recuerdo. Norma vive en un tiempo que ya no existe, en el que cine era algo glorioso: “¡Yo soy grande! Son las películas las que se han hecho pequeñas”.

El personaje desquiciado tiene grandes semejanzas con otro papel inolvidable, el interpretado por Bette Davis en ¿Qué fue de Baby Jane? (Robet Aldrich, 1962). Norma Desmond y Baby Jane son interpretaciones extraordinarias de dos actrices irrepetibles, que comparten el abandono del público y un alto grado de locura por el paso de los años y la falta de popularidad.

El crepúsculo de los dioses tiene, además, numerosos puntos en común con otro filme de BIlly Wilder: Fedora (1978) muestra también las contradicciones de Hollywood, capaz de encumbrar a una estrella dándola todo, para luego olvidarse completamente de ella.

El trágico final hace tiempo que forma parte de lo mejorcito de la historia del cine, Wilder, que ha sacado durante todo el metraje los trapos sucios de la pobre Norma, le proporciona en la última secuencia la oportunidad de salir por la puerta grande: “Sr. De Mille, estoy preparada para su primer plano”.