Director de Espartaco: Stanley Kubrick

Reparto: Kirk Douglas, Jean Simmons, Peter Ustiniov, Laurence Olivier, Tony Curtis

Un Kirk Douglas en su mejor momento interpreta a Espartaco, esclavo fugado que pretende liberar a sus compañeros del yugo de Roma y su decadente clase patricia dominante. Un épico peplum, con batallas y escenas de acción minuciosamente orquestadas, modelo de multitud de títulos posteriores.

Hay mucho de mesiánico en la figura Espartaco. Su crucifixión final constituye un sentimentaloide duplicado agnóstico del Salvador. La cinta está envuelta en un ambiente revolucionario con un mensaje ideológico antiimperialista muy al gusto de intelectuales y criptógrafos políticos.

No en vano el guión es producto del trabajo de Dalton Trumbo, perseguido por la caza de brujas, al igual que el autor de la novela: Howard Fast (también “blaclisted”). Resulta muy significativo el momento en que los esclavos protegen al protagonista gritando que todos son Espartaco, en vez de abandonar a sus compañeros como se hizo en el MacCartysmo.

Como anécdotas se puede comentar que esta superproducción de 12 millones de dólares fue producida por el mismo Douglas. En la cinta abundan los paisajes castellanos: Alcalá de Henares, Colmenar Viejo, Navacerrada y diversos exteriores de Guadalajara representan a la perfección el Imperio trasalpino.

Como en Los vikingos (Richard Fleischer, 1958), los actores ingleses hacen los papeles romanos y los americanos de esclavos. Del reparto hay que destacar, como simpre a Ustinov (que se llevó un Oscar); Laughton, siempre perfecto; unos jovencísimos Tony Curtis y Jean Simmons, y, un cuestionado Laurence Olivier, que, sin embargo, interpreta la célebre escena de los caracoles y las ostras, por supuesto cortada enteramente en España por la censura de la época.

El protagonista reivindica: “¡No soy un animal!” y el filme constituye un canto lírico a la libertad humana en contra del politiqueo y los poderes coercitivos y dictatoriales de los estados.