Director de La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956): Don Siegel

Reparto: Kevin McCarthy, Dana Wynter, Larry Gates, Carolyn Jones

El médico Miles Bennell (Kevin McCarthy) descubre que una extraña pandemia está transformando a las personas de su tranquila localidad Californiana. Estos seres amenazan con convertir a sus habitantes en vegetales sin sentimientos. El argumento es fruto de los temores de los paranoicos de los años cincuenta. Como respuesta durante la guerra fría ante una supuesta invasión de seres inhumanos, ¿comunistas? Procedentes del planeta ‘Rojo’.

Durante el sueño, las babosas vainas se apoderan de la personalidad de los seres humanos que tienen cerca, robándoles la personalidad. Los protagonistas no deben dormir para no caer en las garras de sus perseguidores, de forma similar a como sucede en La cosa (John Carpenter, 1982) o en otro orden de ‘cosas’: Pesadilla en Elm Street (Wes, Craven, 1984).

El filme pude entenderse también como una alegoría de intenciones anti-McCarthystas, en cuanto a que denuncia la despersonalización de los individuos, el conformismo de una sociedad acomodada que fuma en pipa y se preocupa de cuidar sus hermosos jardines y la escasa sensibilidad frente a los abusos del poder de la caza de brujas.

Película de difícil clasificación, pasamos de la ciencia ficción al más atmosférico e intenso cine negro. Estamos ante uno de los ejemplos más claros de cómo, en ocasiones, una cinta de serie B, filmada en 19 días, supera con creces el ingenio y la creatividad de las grandes superproducciones.

La novela de Finney fue llevada al cine de nuevo con desigual acierto en La invasión de los ultra cuerpos (Philip Kaufman, 1978) y Secuestradores de cuerpos (Abel Ferrara, 1993). Sin llegar al nivel de la original, esta versión también expone de forma subrepticia la anulación del individuo y el peligro de un totalitarismo soterrado.