Director de La naranja mecánica (A clockwork orange, 1971): Stanley Kubrick

Reparto: Malcolm McDowell, Patrick McGee, Michael Bates, Warren Clark

Stanley Kubrick adapta de forma magistral la más que complicada novela de Anthony burgués. Alex DeLarge (Malcolm McDowell), detenido por su brutal conducta antisocial es sometido a un tratamiento para erradicar sus pulsiones violentas. Como aun conejillo de Indias, le aplican una terapia novedosa conductista que le vuelve a reinsertar en la sociedad, donde sus antiguos compañeros de correrías (ahora convertidos en servidores de la ley) le torturan sin que pueda defenderse.

Alex y sus drugos resuelven la apatía y el no tener nada mejor que hacer empleándose a fondo con sus relucientes botas Doc Martins. El filme cuenta con unas escenas ‘ultraviolentas’ perfectamente encajadas en el guión, que, sin embargo, resultaron fortísimas para el público de la época, poco acostumbrado a la violencia gratuita e innecesaria a la que el cine y la televisión nos han sometido durante estas últimas décadas. De forma que nos hemos insensibilizado de forma casi completa ante cualquier imagen violenta que se presente ante nuestros ojos.

Cuenta la leyenda, que la película tuvo muchos seguidores en el Reino Unido y que por esta razón Kubrick se vio obligado a prometer a su madre que la cinta nunca se pasaría por TV. Algo de cierto debe haber porque, de hecho, el filme estuvo durante largo tiempo alejado de las televisiones británicas sin otra justificación aparente.

El protagonista de la naranja mecánica va mucho más allá que los jóvenes airados de clase obrera de las películas de Tony Richardson. Alex es un violador, sádico, cínico y antisocial en toda regla, sin embargo y a pesar de toda esta violencia, la película no carece de comicidad y humor negro, porque a pesar del impactante hiperrealismo de sus escenas, la atmósfera pop en que se muestra a los caracteres hace que parezcan caricaturas en vez de personajes de carne y hueso.

El filme de Kubrick plantea la gran divergencia entre el alto nivel tecnológico del hombre y su bajo nivel humano. La frase que dice el viejo cuando es asesinado salvajemente, y sin razón aparente, por los drugos lo dice todo: “¿A qué clase de mundo hemos llegado? Los hombres conquistan la luna, dan vueltas alrededor de la tierra y aquí abajo nadie se preocupa de respetar la ley y el orden”.

El final de la novela y filme difieren, sin embargo, el resultado no se ve desvirtuado porque ambas contraponen el salvajismo de Alex con la brutalidad behaviorista del sistema. Lo que se reivindica, en definitiva, es el dilema moral ante la posibilidad de libre elección entre el bien y el mal por parte del individuo, renunciando a que funcione como un reloj, a que sea un mundo perfecto: la ultra violencia y el sexo encajan con la llamada del destino que hace Ludwig van Beethoven en su 5ª sinfonía.